Criar

En nuestras relaciones encontramos constantes espejos de nosotros mismos, lo que nos permite mirarnos y hacer los cambios que estimemos necesarios para el bien propio y de los demás. "Yo soy otro Tú", una verdad ancestral que nos recuerda que el "Otro" es parte de mi mismo, y que en el "Otro" también habito yo.

En la maternidad y paternidad, los hijos son nuestros maestros, nuestros espejos más nítidos y más certeros de nosotros mismos. En ellos veremos reflejados todos nuestros miedos, alegrías, rabias; en ellos muchas veces, se reflejarán nuestros propios estados de ánimo y estados emocionales. Los niños, inconscientemente, hablarán por nosotros a través de su cuerpo, de sus sintomatologías, malestares y conductas.

Es una gran tarea estar conscientes de lo que nos sucede en nuestro interior, de nuestras propias necesidades y dificultades. "Conócete a ti mismo" está escrito en el Templo de Apolo, una verdad que también nos invita a revisarnos y conocernos para el bien de todos. Al hacerme consciente de mis carencias, de mis dolores, me permitirá tomar decisiones en torno a ellas, no así si quedan retiradas en mi Sombra, esa parte que rechazo de mi mismo y la proyecto en otros. La Sombra no es solamente negativa, sino que es más amplia que eso, incluyendo todos los aspectos de nosotros que todavía desconocemos y no han sido potenciados (aquí también hay virtudes como por ejemplo: la música, la danza, etc.)."Este niñito es un desastre", "mi hijo llora como una niñita", "es el peor del curso", "tú serás pianista, porque yo no tuve la oportunidad", "es tan calladita si da gusto salir con ella, no da problemas", etc. Todas estas son manifestaciones de nuestra propia sombra proyectada en otros, en este caso en nuestros hijos y/o niños que al escuchar nuestros comentarios se irán construyendo su propia historia de ellos mismos.

La crianza es un llamado a criarnos a nosotros mismos, en la senda de la sanación y el autoconocimiento, en una senda más espiritual y emocional. Ya hemos aprendido a sobrevivir en este mundo, pues ahora es tiempo de aprender a nutrir nuestras vidas. En otras palabras, si yo no me hago cargo de mis inquietudes espirituales y emocionales, lo harán mis hijos. Los hijos me mostrarán mis grandes alegrías, mis grandes dolores...a través de sus vidas.

Por ahí Claudio Naranjo dijo "cambiar a la educación para cambiar al mundo" y como sabemos la primera educación que existe es la de casa, por ende este es un llamado a la transformación de los adultos para la transformación de los niños y del mundo.

Es un llamado a re-encontrarnos con la paciencia no sólo con ellos sino con nosotros mismos, con el juego, no sólo el que los niños realizan sino, el juego de nuestra propia vida, honestidad no sólo con ellos sino honestidad con nosotros.No es una invitación a ser perfectos, sino a mirarnos y mostrarnos con sinceridad, transparentes, tal cual somos. A amarnos y cobijarnos, a atendernos y maternar nuestra propia historia. Porque sólo cuando deje de ver en los demás mi propios dolores y carencia, podré ver a mis hijos, a ellos con sus propias necesidades y sus propios sueños.

 

Catalina González O.