Cada mujer tiene una historia y desarrollo psicosomático singular, conformado de distintos hitos muy precisos, a lo largo de la niñez, de la pubertad y luego durante su vida fértil; éste viaje va modulando la relación con el propio cuerpo y con los otros, lo que hace que la mujer sienta como siente, ame como ame, y viva como vive.
Hasta algunos años atrás, estas distinciones no eran tomadas en cuenta y se pensaba que no eran importantes para el momento del parto; sin embargo hoy sabemos que las mujeres damos a luz con todo lo que somos, y con toda nuestra vida emocional.
El apoyo emocional de la pareja o alguien significativo para la mujer es esencial.
El amor , los besos y abrazos, la contención afectiva es lo que hace posible la fluidez de este proceso instintivo, animal.
Desde esta mirada el gesto íntimo de parir puede ser vivido en forma consciente. En este contexto el desenlace va a depender por un lado del “potencial de parto normal” que presente la gestación hacia el noveno mes, y por otro de la impronta propia de la mujer y su familia para vivirla de manera informada y preparada.
En este tipo de parto consciente, la forma de recibir al recién nacido es del todo armoniosa; en el sentido que protege la sensibilidad del niño, estimulando el contacto piel a piel con su madre, en un ambiente bien temperado y en penumbra, cautelando el delicado equilibrio hormonal del proceso de apego.
|